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terça-feira, 21 de março de 2017

La «guerra» de los televisores se centra en la calidad de imagen


Cope
ABC Tecnología


Tecnología - Imagen 

por: J.M. NIEVES - Madrid

Tecnología - Imagen



»   Lo primero que hay que saber es que, hoy por hoy, solo existen dos tecnologías diferentes «detrás» de las pantallas, OLED y los nuevos QLED que proponen una mejora sustacial en la calidad


Detalle del televisor LG Signature OLED
LG
Detalle del televisor LG Signature OLED

El mundo de la electrónica de consumo anda revuelto. Otra vez. Y en esta ocasión no se trata de teléfonos móviles, sino de televisores. La batalla por la conquista de nuestro salón se recrudece, las siglas se multiplican, las tecnologías se mezclan, se superponen, y el ciudadano de a pie se ve envuelto en un velo de confusión que no le permite distinguir lo que más le conviene. OLED, Quantum Dot, LED, SUHD, 4K HDR, QLED, Nanocells... La lista es larga y farragosa, pero detrás de cada una de esas combinaciones de letras se ocultan, en realidad, miles de horas de trabajo de auténticos ejércitos de ingenieros cuyo único propósito es lograr que lo que vemos en la pantalla de un televisor se parezca, de verdad, al mundo real. 

¿Qué es, pues, lo mejor? ¿Por qué modelo debemos decidirnos a la hora de cambiar nuestra vieja TV? Vayamos por partes. Lo que las cifras han dejado ya muy claro es, por ejemplo, que los usuarios quieren pantallas grandes y de calidad. Parece que pasó el tiempo de lanzarse a las ofertas y de fijarse solamente en los precios. Por eso, y aunque el mercado no da muestras de que vaya a crecer durante este año, los televisores más vendidos son, y serán cada vez más, los de las gamas más altas, con pantallas superiores a las 50 pulgadas (los de 65 pulgadas están causando furor), y con tecnologías avanzadas de procesamiento de imagen. 

A la hora de elegir, y para simplificar las cosas, lo primero que hay que saber es que, hoy por hoy, solo existen dos tecnologías diferentes «detrás» de las pantallas. Por un lado, los televisores LED y, por el otro, los OLED. Estas dos categorías, no importa cuál sea el cóctel de letras que las acompañen, abarcan absolutamente a todos los televisores del mercado. Los primeros, los LED, se distinguen porque necesitan contar con una fuente de iluminación externa, lo que se consigue gracias a un panel de pequeñas y potentes bombillas LED, (de ahí el nombre genérico) situada en la parte trasera del televisor. La luz de esas bombillas ilumina los píxeles de las pantallas, que es lo que nosotros vemos. Y antes de hacerlo, atraviesa toda una serie de filtros y capas que depuran esa luz, la concentran, la polarizan o la difuminan, la bloquean o dan paso a los colores, etc. etc. 

La tecnología OLED, sin embargo, no necesita retroiluminación. Es decir, que no hay bombillas por ningún lado. En los televisores OLED, cada uno de los píxeles que vemos en pantalla se ilumina de forma autónoma e independiente al recibir una pequeña corriente eléctrica. Y la mayor ventaja de este tipo de paneles consiste precisamente en eso. Cada píxel se ilumina «por su cuenta» y exactamente con el color que debe hacerlo, sin afectar en nada a los píxeles que tiene a su alrededor. Gracias a esa precisión, las pantallas OLED son capaces, por ejemplo, de mostrar el color negro en su estado puro, o de revelar detalles en las escenas más oscuras que no son visibles en otras pantallas. En las pantallas LED, por el contrario, cada una de las bombillas de la capa de retroiluminación se encarga de iluminar a muchos píxeles a la vez. Y a la hora de mostrar los negros, algo de esa luz afectará, inevitablemente, a los píxeles contiguos, dando como resultado unos tonos oscuros más empastados, menos limpios, con menos contraaste y un menor nivel de detalles. No olvidemos que, en una pantalla LED, las bombillas traseras nunca se apagan. En los televisores LED, la oscuridad total no existe.

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