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quinta-feira, 9 de março de 2017

¿Tengo derecho a comer?



           PLANETA FAO

por: Carlos Laorden
Roma

A diferencia de la sanidad o la educación, ningún país de la UE reconoce explícitamente y por ley el derecho a la alimentación, lo que hace que la asistencia dependa de decisiones políticas o de la caridad

Vista de un comedor social gestionado por la Comunidad de San Egidio en Italia.
Reuters
 
  • ¿Tengo derecho a comer?
Lástima, indignación y, a la vez, tranquilidad. Los tres sentimientos se debaten en el interior de millones de europeos cuando ven en películas o series como las exitosas House o Anatomía de Grey cómo una familia estadounidense se arruina por pagar el tratamiento de una enfermedad, o directamente no puede costear la cura. Lástima por el drama humano, indignación porque no se garantice lo que los ciudadanos de la Unión Europea tienen interiorizado como un derecho fundamental la atención sanitaria y tranquilidad, por tener la certeza de que a ellos, bajo el paraguas del bienestar comunitario, no les podría ocurrir algo parecido.

Y, por ahora con las salvedades que se quieran añadir— es así. La atención sanitaria, como la educación, son derechos reconocidos en la mayoría de las constituciones, regulados por leyes, y que los europeos pueden reclamar ante los tribunales en caso de que se les niegue. Pero lo que muchos europeos ignoran es que hay otra necesidad, más básica si cabe que las anteriores, ante la que están bastante más descubiertos: comer.


"No hay ningún país de la UE, ¡ninguno! que incluya expresamente el derecho a la alimentación en su marco legal", se lamenta José Luis Vivero Pol, experimentado activista contra el hambre e investigador de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Pese a que todos los Estados miembros han ratificado un pacto internacional por el que se comprometen a asegurar el derecho de toda persona a "un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados", ninguno lo ha desarrollado internamente, a diferencia de la enseñanza o la sanidad.

En Europa hay un
miedo sociológico con
la palabra hambre
José Luis Vivero Pol

Es probable que a ese mismo ciudadano europeo que da por sentado que le atenderán si enferma, no le preocupe este punto. Quizá porque piense que el hambre o la malnutrición, en cualquiera de sus formas es cosa de otros continentes, un mal del que él y sus vecinos se encuentran a salvo.
(...)

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