[ Director: Mário Frota [ Coordenador Editorial: José Carlos Fernandes Pereira [ Fundado em 30-11-1999 [ Edição III [ Ano X

quinta-feira, 22 de junho de 2017

Cosas que no se comían en 1977


Cope

 
Madrid

CUARENTA AÑOS DE CAMBIOS

A lo largo de las últimas cuatro décadas, la alimentación ha cambiado tanto que para recuperar la gastronomía de 1977 es necesario hoy acudir a un restaurante especializado en arqueología
Sobre de sopa de setas oriental, en un establecimiento de los denominados ecológicos
ABC
Sobre de sopa de setas oriental, en un establecimiento de los denominados ecológicos
 En la variedad está el gusto y en la dispersión reside la pérdida de una identidad, también gastronómica, que España ha ido sacrificando en los últimos cuarenta años para incorporar a su dieta cotidiana una serie de alimentos y sustancias que en 1977 no pasaban de ser rarezas, cuando no ingredientes de un receta de cocina-ficción. Por una u otra razón, del poder adquisitivo del comensal a las redes de distribución, entonces muy primitivas, pasando por la inexistencia de un márketing que, ligado a la tecnología y a menudo a la farsa comercial, ha revolucionado los hábitos del consumo, en 1977 no se podían comer, o al menos encontrar en cualquier establecimiento, un montón de cosas que en 2017 se consideran, si no esenciales para la nutrición, distintivas de un modo de vida.

-  No había bebidas light. El Tab de Coca-Cola, encargado de inaugurar el festival, llegó tiempo después, e iba dirigido a las mujeres, por entonces únicas víctimas de los complejos relacionados con la obesidad, hoy muy extendidos entre la población masculina.
- No había dim-sums. Ni gyozas, ni dumplings. Tampoco había restaurantes orientales que los sirvieran. En los chinos se comían cerdo agridulce y rollitos de primavera, bastante aparatosos. Tampoco había sushi, ni gente que llevara las raciones a domicilio en un vespino o a pedales.

- No había tinto de verano, al menos envasado. La mezcla se llamaba vino con Casera (o «valgas», de Valdepeñas y gaseosa, vulgarmente conocido como «vargas») y era muy popular entre los niños, que ejercitaban el paladar con una mezcla cuya proporción alcohólica aumentaba en función de su edad e inquietud.
(...)

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