[ Director: Mário Frota [ Coordenador Editorial: José Carlos Fernandes Pereira [ Fundado em 30-11-1999 [ Edição III [ Ano X

segunda-feira, 5 de junho de 2017

¿Y si resulta que la sal no provoca sed?



BUENAVIDA

SALUD

Puede que el condimento más utilizado en la cocina sea un gran desconocido. Las dudas nacen de un experimento con astronautas

¿Y si resulta que la sal no provoca sed?
Ahora es nefrólogo en el Centro Médico de la Universidad Vanderbilt (EE UU), pero a principios los noventa, Jens Titze era tan solo un estudiante de Medicina en Berlín. Por esas fechas, uno de sus profesores trajo a la facultad datos de un experimento social llevado a cabo con cosmonautas rusos para comentarlos en clase con sus alumnos. Era un estudio de la Academia de Ciencias de Rusia en el que, a modo de “Gran Hermano”, varios astronautas pasaban 28 días en una pequeña cápsula simulando un viaje espacial. Durante ese tiempo tenían que convivir, cooperar y resolver problemas parecidos a los que podrían ocurrir durante una misión verdadera.

A veces resulta curioso cómo el azar y la casualidad se entremezclan en el camino de la ciencia, dando lugar a descubrimientos que pueden llegar a cambiar lo que conocemos —o creemos conocer— de la realidad. Eso pasó ese día, cuando aquel alumno de Medicina observó los datos del estudio, se fijó en los volúmenes de orina recogidos y tuvo la sensación de que algo no cuadraba: la cantidad de líquido excretado por los cosmonautas aumentaba y disminuía en lo que parecían ciclos semanales. No podía ser, nunca había oído hablar de lo que parecían ser patrones temporales de orina. Unos años después, en 1994, la Agencia Espacial Rusa volvió a repetir el experimento (durante 135 días de simulación), para controlar los parámetros fisiológicos como la dieta, la tensión y las deposiciones de los astronautas. Fue entonces cuando los datos hablaron por sí solos: la cantidad de orina no se correspondía con la ingesta de sal y el agua que bebían.

¿Pasarse con el salero siempre implica beber más?

Todos sabemos que ingerir ese compuesto químico formado por cloruro de sodio nos provoca sed, lo cual nos lleva a beber más agua y, por tanto, a orinar en mayor cantidad. Durante décadas, este proceso se ha dado por sentado, pero Titze estaba convencido de que había algo extraño en esa correspondencia. Por eso tuvo una gran alegría al enterarse en 2006 que la misma Agencia Espacial Rusa iba a realizar dos estudios más (de 105 y 502 días). Era la oportunidad perfecta para estudiar con detalle qué estaba ocurriendo exactamente con la interrelación entre la sal y el organismo humano. Partiendo de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que aconsejan no consumir más de cuatro gramos diarios de sal, se prepararon tres dietas diferentes para los astronautas. Empezarían ingiriendo 12 gramos diarios, continuarían con nueve y terminarían con seis.

"Lo que sugieren los
 estudios es
revolucionario, y es que
 se estaría produciendo
 una alteración en los
 mecanismos de gestión
 de la energía en nuestro
 cuerpo" (César Tomé,
 divulgador científico)

En principio, los resultados obtenidos entraban dentro de la normalidad. La dieta salada se correspondía con un mayor volumen de orina. Sin embargo, la ingesta de agua no tenía ningún sentido: a pesar del exceso de cloruro sódico y de que la cantidad de orina aumentaba, los astronautas bebían menos agua. Y lo más desconcertante: si no se estaban hidratando, ¿por qué orinaban más? El agua debía salir de alguna parte, algún mecanismo fisiológico desconocido debía estar “fabricándola” para solventar el exceso de sal.
(...)

Sem comentários: